Siempre tuve un defecto, no se decir que no y pasadas las cuatro mi cara era un error. [...] Salimos de aquella histeria hacia otro lugar, huyendo de los colmillos de la soledad, regalado, ofrecí el sabor de aquellos que en albergues se hacen tibios [...] Fue ahi que comprobe que siempre puede haber algo peor, fue así q comprobe que la angustia es prima de la desesperacion, y que a veces, tal vez, estar solo es mejor
y que al cielo no se llega nunca de a dos. (Cjs)
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